En el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, queremos visibilizar la situación de discriminación estructural que enfrenta este colectivo y ofrecer una mirada interseccional que considere diferentes variables que se entrecruzan, con el objetivo de aproximarnos a la adecuada comprensión de la problemática que atraviesa en el país.

La situación de discriminación que enfrentan las trabajadoras del hogar se genera por una serie de factores de desigualdad que se intersectan, que incluyen principalmente el género, el origen étnico-racial y de clase. Estos determinan una particular vulnerabilidad laboral que se materializa en situaciones de violencia y explotación.

En una constante lucha por la valoración de su trabajo y condiciones dignas que garanticen sus derechos, este colectivo ha alcanzado grandes avances en los últimos años (1); sin embargo, ninguna norma es suficiente ni efectiva si no viene acompañada del cuestionamiento de las bases y las estructuras mismas de esta discriminación. La desvalorización del trabajo doméstico y las precarias condiciones a las que se encuentran permanentemente expuestas las trabajadoras del hogar - que además las exponen a situaciones de violencia y explotación -, no son orgánicas ni gratuitas, sino que están directamente vinculadas con los cimientos que constituyen nuestro imaginario social.

Históricamente, el trabajo se ha dividido entre el trabajo productivo vinculado a la esfera pública y a lo masculino; y el trabajo reproductivo, vinculado más bien al ámbito doméstico y a lo femenino. De este modo, como sociedad determinamos qué trabajos pueden y deben hacer hombres y mujeres. Esta división sexual del trabajo se ve reflejada en el tiempo dedicado al trabajo doméstico: En Perú, en promedio las mujeres dedican 23 horas más que los hombres en la actividad doméstica, trabajo por el que no reciben pago alguno (2).

En cuanto al trabajo doméstico remunerado, las cifras también evidencian esta división sexual: De entre 11 y 18 millones de personas que se dedican al trabajo doméstico remunerado en la región, el 93% son mujeres (3); en nuestro país, esta cifra alcanza al 95%, en un universo de 318 mil personas (4).

Como consecuencia de un sistema de género que otorga mayor status a lo masculino que a lo femenino y que impacta en nuestra valoración de las cosas y las personas, las tareas domésticas son concebidas como poco valiosas, y quienes la realizan son invisibilizadas. Esto explica, por ejemplo, por qué, hasta hace poco, en nuestro país a este colectivo sólo se le reconocía la mitad de los derechos que tienen los/as trabajadores/as en general, y por qué el 53% [de las trabajadoras del hogar] tiene un ingreso inferior al sueldo mínimo legal (5).

A ello deben sumarse las condiciones de informalidad que agravan aún más la situación de las trabajadoras del hogar: más del 77,5% de las mujeres de la región que trabajan en el empleo doméstico operan en la informalidad. En Centroamérica y el Caribe los niveles de informalidad superan de media el 90% (6); y, concretamente en Perú, según información recogida por los gremios sindicales del sector, cerca del 92% de trabajadoras y trabajadores de este rubro labora en situación de informalidad (7). Cabe resaltar, además, que nuestro país se encuentra en la lista de países de la región con menor cobertura de afiliación al sistema de pensiones. Las personas ocupadas en el sector de trabajo doméstico son consideras como uno de los grupos sociales y laborales más vulnerables en el país, al igual que el grupo de niñas rurales e indígenas (9).

Pero, como todo, atender una sola arista de la exclusión resulta insuficiente, lo que nos obliga a entender la problemática a partir de nuestros procesos históricos y sociales. El trabajo doméstico tiene también origen colonial y arrastra patrones socio-culturales aún vigentes que segmentan a la sociedad en grupos o clases dominantes y dominadas. Reflejo de esto es que, en la región, el 63 % de las personas que desempeñan este trabajo son afrodescendientes y 17 % migrantes (10), lo que pone en evidencia que este trabajo está racializado y se sostiene sobre la base de prácticas coloniales vinculadas a la historia mundial de la esclavitud, el colonialismo y otras formas de servidumbre (11).

De este modo, entender la discriminación que experimentan las trabajadoras del hogar surge de la confluencia de una serie de factores que hace que sea uno de los trabajos en mayor estado de vulnerabilidad y riesgo: extensas jornadas de trabajo en condiciones lejos de ser óptimas, sin contratos por escrito, salarios menores al mínimo legal, escasa cobertura de seguridad social, que además presentan mínimos niveles de fiscalización. A ello se suman prácticas estigmatizantes y peyorativas que se traducen en tratos humillantes, prácticas de exclusión racistas y/o clasistas. Cabe enfatizar que esta situación se ha visto exacerbada por la crisis sanitaria por la Covid-19, en donde muchas trabajadoras del hogar fueron despedidas intempestivamente u obligadas a permanecer en casa de sus empleadores/as (12).

Un aspecto que tiene especial relevancia y que también suele ser invisibilizado está relacionado a la violencia sexual y física que se genera en estos espacios, donde confluyen el género, la clase y el orígen étnico/racial, estando las trabajadoras expuestas a situaciones inminentes de riesgo poco reguladas o fiscalizadas - como la modalidad “cama adentro” - o situaciones de pobreza y poco acceso a educación que repercuten en la persistencia de estas manifestaciones de violencia frente a este colectivo, en donde deben inclusive convivir con sus agresores. En esta dinámica también encontramos otros riesgos, como la trata de personas, y si sumamos a ello el factor edad, la condición migratoria de muchas trabajadoras del hogar venezolanas, entre otras, la vulnerabilidad varía y se puede ver acentuada.

Como se observa, existen diversos factores que se suman a la situación de discriminación estructural que enfrentan las trabajadoras del hogar, no solo por su condición de mujeres, sino también por el clasismo y racismo que experimentan, lo que sumado a muchas otras variables se traduce en condiciones precarias, de exclusión y violencia. La invisibilización de este colectivo ha sido extendida y ha solapado esta discriminación.

Desde GenderLab, venimos difundiendo la necesidad de un enfoque interseccional para abordar diferentes problemáticas, que considere precisamente las distintas variables de identidad y desigualdad que reúnen las personas para, a partir de ello, poder tomar acciones específicas. Recientemente, publicamos una guía que aborda este enfoque interseccional que es de utilidad para comprender estas múltiples variables. La visibilización de la discriminación de trabajadoras del hogar nos compete a todas las personas, incluidas las organizaciones y, más aún,  a aquellas que de alguna u otra manera puedan impactar en la mejora de sus condiciones de trabajo, difundiendo información y tomando postura y acción.


(1) En noviembre de 2018 el Perú ratificó el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que reconoce el trabajo decente y digno para las trabajadoras del hogar y dispone que los Estados les aseguren gozar de los mismos derechos que los demás trabajadores y trabajadoras. En el 2021 se promulgó la Ley N. 31047 - Ley de las trabajadoras y trabajadores del hogar; y, en el 2021, se aprobó su Reglamento.

(2) INEI (2010). Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT).

(3) ONU  Mujeres, OIT, Cepal (2020). Trabajadoras Remuneradas del Hogar en América Latina y El Caribe frente a la crisis del Covid-19. Disponible en: https://www.cepal.org/sites/default/files/document/files/trabajadoras_remuneradas_del_hogar_v11.06.20_1_1.pdf

(4) INEI (2018). Encuesta Nacional de Hogares sobre Condiciones de Vida y Pobreza.

(5) Íbid.

(6) ONU Mujeres, OIT, Cepal. Op. cit.

(7) Ver en: https://larepublica.pe/economia/2020/05/18/empleadas-del-hogar-no-somos-parte-de-la-familia-somos-trabajadoras-ministerio-de-trabajo/ . Fecha de consulta: 28 de marzo de 2022.

(8) OIT (2018). Presente y futuro de la protección social en América Latina y el Caribe. (Panorama Laboral Temático, 4).

(9) Vásquez, Enrique y Monge, Álvaro (2007). “¿Por qué y cómo acortar la brecha de género en educación de las niñas y adolescentes rurales en el Perú?”. Universidad del Pacífico, Lima, Perú.

(10) ONU Mujeres, OIT, Cepal. Op. cit.

(11) A. Fauve-Chamoux, citado en OIT, Trabajo decente para los trabajadores domésticos, Informe IV (1), Ginebra, OIT, 2009, p. 5.

(12) Ver en: https://gestion.pe/peru/el-70-de-trabajadoras-del-hogar-fueron-despedidas-debido-a-la-crisis-economica-por-el-covid-19-nndc-noticia/. Fecha de consulta:  28 de marzo de 2022.