La pregunta correcta no es si tenemos sesgos inconscientes, sino qué sesgos inconscientes tenemos.

¿Sabías que los seres humanos determinamos la raza en menos de una décima de segundo? Lo hacemos incluso antes de determinar el sexo de la persona, que es lo siguiente. ¿Qué hacemos con esta información y cómo influye en nuestra vida cotidiana y en las decisiones que tomamos a cada instante? ¿Nos creemos imparciales y objetivos? ¿Estamos seguros que elegimos al mejor talento para nuestras organizaciones y eventos de expertos o paneles académicos, y que nos basamos exclusivamente en las competencias y calificaciones de las personas que finalmente seleccionamos? Si tu respuesta es SÍ, ¿No te llama la atención que el 93% de los puestos de directorio de las empresas que cotizan en la BVL estén ocupados por hombres? ¿o que de acuerdo a la XXXVIII Encuesta del Poder de SEMANAeconómica sólo 4 de las 30 personas más poderosas del Perú sean mujeres? Si, por el contrario, tu respuesta es NO, haces muy bien en poner en duda tu capacidad de ser objetivo. De hecho, todos lo deberíamos hacer ya que el 99,99996% de nuestros procesos mentales son inconscientes.

Los sesgos inconscientes

Los sesgos inconscientes son una elección aleatoria, no intencionada, sutil y (valga la redundancia) totalmente inconsciente que todos hacemos una y otra vez. Los sesgos están en todas partes, actúan sin que los controlemos ni los reconozcamos e influyen en nuestras percepciones cada vez que hablamos con alguien. Los sesgos, per se, no son buenos ni malos. De hecho, nos ayudan a vivir y a tomar miles de decisiones inmediatas sin que nos demos cuenta, permitiéndonos filtrar rápidamente enormes cantidades de información, establecer prioridades y categorías y sintetizar lo que nos rodea sin que nosotros hagamos nada.

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